Amparo Noguera y Manolo ”Me sorprende el amor que siento por él”

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Entró de forma inesperada a su vida y se transformó en un ser importante en la casa que comparte con el actor Marcelo Alonso. Nos revela el mundo que se le abrió, los temores que suelen aparecer y su opinión sobre los abandonados en las calles.

POR: Carolina Palma Fuentealba    FOTOS: GONZALO MUÑOZ F.   Maquillaje: Sole Donoso A.

Manolo llegó a su vida de los brazos de su pareja, el actor Marcelo Alonso, en la Navidad de 2013. Este bello Rodesiano tenía sólo cuatro meses. Habían hablado sobre tener un perro, pero nunca seriamente. “Lo encontré arriba de la cama, y mi reacción no fue muy buena. “¿Qué es esto?”, le pregunté. “Un perro”, me dijo. Mi hermana Piedad llegó rápidamente para apañarme porque imaginaba mi reacción. Una cosa es decir que uno tiene ganas de tener un perro, y otra es tenerlo. Desde ese momento supe que mi vida iba a cambiar. Cuando te haces cargo de un perro no puedes dejarlo afuera, no pescarlo, no pasearlo”, siente la talentosa actriz Amparo Noguera (TVN).

Cuando niña vivió con Pucho, un perro que la acompañó durante años y que se paseaba por toda la casa. “El perro más importante en mi vida, junto con Manolo. Le hacía clases de matemática y él me miraba por horas sentado mientras yo me creía su profesora. Se mantenía tanto rato, como sabiendo que para mí era importante”, recuerda.
Cuando sus papás se separaron el perro era difícil de mantener para su mamá, así es que se fue a la casa de su papá, Héctor Noguera, con su nueva familia. “En ese momento Pucho se transformó en una especie de puente entre mi hermana, los hermanos del segundo matrimonio de mi papá, y yo. Nosotras crecimos con el Pucho, y ellos después también crecieron con él”.

Desde pequeña te inculcaron el amor hacia los perros.

Claro, los perros tenían un espacio importante, su carácter, su personalidad; eran un miembro más de la familia. La Piedad iba al colegio en la mañana y yo en la tarde, entonces estaba toda la mañana jugando con el perro. Dormía con nosotros cuando mis papás salían.

¿Tu papá es cercano a los animales?

Sí, profundamente. En la casa de mi papá son importantes los perros, tiene muchos.

¿De qué forma cambió tu vida Manolo?

La cambió totalmente. Es una responsabilidad enorme. Desde que él llegó hemos vivido en casa, lo sacamos todos los días a pasear a la hora que lleguemos. Si tenemos una función tarde, igual hay que pasearlo. Uno se preocupa de su alimentación y de cada detalle.

¿Tú eres más responsable de Manolo que Marcelo?

No, los dos somos responsables. Lo paseamos juntos siempre para que no sea aburrido. Ese espacio de pasearlo te obliga a ciertas cosas. En media hora se produce un espacio de reflexión donde se detiene todo. Es una caminata distinta a la de caminar a tu trabajo, porque esa caminata tiene un tiempo que cumplir. Esta caminata es sin rumbo, uno no maneja esa caminata. En esa caminata se conversa, se analizan temas de los ensayos, temas personales. Es loco, porque es el mayor espacio de silencio real. En esa caminata se detiene algo en mí, es un encuentro con uno mismo obligado, a veces es rico y otras no. Uno no siempre quiere detener la cabeza.

Tienes un buen patio. ¿Por qué de todas formas pasearlo?

Porque él lo pide. Necesita caminar, oler, sociabilizar. Si tienes un perro encerrado en la casa se vuelve súper bravo, y no me interesa tener un perro bravo. Aunque él cuida su casa, su familia, es un perro de manada y todos nosotros somos su familia. Ahora, él le hace caso al Alonso, pero el bienestar se lo doy yo. Le compro el cojín gordito para que se acueste, le pongo el chal afuera, le tengo su agua fresquita. Siento que me metí en un nuevo espacio, aprendí mucho y también se vino un nuevo temor, la pérdida.

¿Piensas en eso?

Uno no quiere saber que le pasa algo a un ser querido, y ahora no quiero saber si le pasa algo. Me genera angustia. El único problema es que me da terror porque siento que dependo un poco de él. Me da mucha pena cuando sé que le podría pasar algo. Una vez entraron a robar, y no hay mucho que robar tampoco; lo único que pregunté fue si el perro estaba bien. Él sabe bien a quién ladrarle. Cuando salimos en la noche con Alonso, si alguien se nos acerca, él lorodea. Es muy guardián. Es inteligente, sensitivo, siente la energía claramente.

¿Se junta con otros perros? Gonzalo Valenzuela vive cerca…

Sí, nos hemos encontrado algunas veces. Él tiene a Caballero, que es bien grande y el Manolo se le tira, así es que hemos tenido que separarlos. No son muy amigos.

¿Este acercamiento al mundo animal te hace ver el maltrato desde otro lugar?

Absolutamente. Siento una empatía enorme con los temas. No es que sea pro perro abandonado, pero entre que se lo lleven a una perrera, creo que mejor que se queden ahí. Los perros abandonados en la calle hace años tienen su selva, su grupo, su organización, y creo que son más felices dentro de esa organización que encerrados en una jaula. Si los perros abandonados los toman para llevárselos a una perrera, no me parece. Sí me gusta que se den en adopción si se sacan de la calle.

¿Se te ha perdido alguna vez?

¡No, me muero! Me sorprende el amor que siento por él. Me enternece, lo necesito, lo extraño, me hace feliz, es puro presente. Cuando uno llega cansado, exhausto por las cosas, los perros, como los niños, te llevan a una demanda que es inevitable y súper clara. Se da una conexión con el presente. Son dulces, tienen personalidades, miradas, maneras de ser.

¿Cómo es Manolo?

Es cercano a todos nosotros. Es súper doméstico, le gusta mucho la casa, el sol, le gustan los espacios calentitos.

¿Es parecido a sus dueños?

Tiene rutinas: duerme en su cojín. Yo feliz dormiría con él, pero es muy grande. Está prohibido, no está invitado (ríe). Cuando como en la cocina, me siento y él se sienta atrás mío para tratar de agarrar algo de comida (ríe).

¿Alonso pone las reglas?

Sí, si yo lo llamo y está Alonso, no viene. Si salgo con él sola a pasear, me hace caso. Sabe que, si estoy sola, me debe hacer caso. Aunque me sigue todo el día por la casa, tanto que a veces me tropiezo porque está muy pegado (ríe).

¿Cómo viven sus vacaciones desde que llegó Manolo?

Tenemos un amigo que le gusta quedarse en la casa en las vacaciones y se lleva muy bien con Manolo. Mi mayor problema para las vacaciones es él, porque no toda la gente te acepta con perros, menos con este caballo enorme. No he encontrado ningún hotel que me guste. Aparte él es súper pegado a nosotros.

¿Y por un fin de semana?

Por periodos cortos sí, pero igual es complicado. Por ejemplo, si quieres salir en la noche, como desconoce la casa en que se queda, se comienza a angustiar. Todos los perros me generan una ternura súper extraña. Me da mucha pena cuando alguien me dice que se le murió su perro. Me da un dolor súper fuerte. No entiendo por qué es tanto.

Hay gente que los ve como un hijo. ¿Haces una distinción?

No lo veo como un hijo. Hay gente que me dice “es como tu hijo”, pero les respondo que es mi perro. Me preocupo de él harto, de que tenga su cojín, en el invierno le pongo un chal en el suelo para que no se acueste encima de la baldosa helada. No le he puesto chaleco ni nada. Feliz le compraría un chaleco, pero Alonso se ha negado al chaleco.

¿Qué piensa Marcelo?

Odia a los perros vestidos, encuentra que se ven horribles (ríe). “Los perros tienen pelo por algo y se deben saber defender así”. También tú los vas llenando de normas, los vas fragilizando harto y hay que tener ojo con eso. Con respecto a verlo como un hijo, me carga que me digan que es mi hijo, porque no lo es. Cuando la gente dice que uno los trata como un hijo humano me parece que es una descalificación grande al amo y al perro en sí mismo. Como si los perros no tuvieran derecho a ser queridos y bien tratados. Los animales tienen que ser bien tratados, y no por eso son hijos.

¿Quieren tener otro?

Sí, me gustaría. Quizás sería más fácil tener dos, aunque es más complicado para salir.

¿Adoptar es una opción?

Sí, me gustaría. Es que Alonso quiere uno igual a Manolo, porque lo ama.

¿Recomiendas tener un perro?

Recomiendo tenerlo, sobre todo cuando hay niños cerca. Nosotros no tenemos hijos, pero tenemos un sobrino nieto, el Beltrán, y sobrinas muy chiquititas de parte de la Emilia. Todos están conectados con perros, porque es importante la relación que generan. Los niños entienden que hay varias formas de vivir en la vida, varios seres igualmente importantes, a respetar a todos, a ser responsables. Por otra parte, el Manolo conoce mucho al Beltrán, y no sería bueno acercarse al Beltrán si Manolo está cerca y no te conoce. Es súper protector.

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