Consejos para asegurar el bienestar de nuestros perros

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Al tener un can debemos satisfacer todas sus necesidades básicas, pero hay algo que muchas veces pasamos por alto: su educación. Los problemas de comportamiento pueden ser evitados y tratados cuando se presentan.

Desde el primer día que tenemos un perro en casa, hay que comenzar a educarlo. Se le debe enseñar cómo queremos que se comporte, pues no nacen sabiendo y probablemente algo que les resulta normal, para nosotros puede ser inadecuado. Además, ellos no hablan nuestro idioma, por lo que debemos preocuparnos de que aprendan de buena manera qué significa lo que les decimos, generando una buena comunicación. Aquí es donde el adiestramiento con refuerzo positivo juega un rol fundamental, ya que es la mejor herramienta para lograrlo.

Paula Contreras, Médico Veterinario Diplomada en Etología Clínica Veterinaria y Bienestar Animal, dice que el refuerzo positivo consiste en premiar las conductas que consideramos deseables y queremos que se repitan en el futuro. Se les puede premiar con comida rica, juguetes e incluso con caricias, todo dependerá del perro, ya que tiene que ser algo que lo motive. Se le enseña de forma respetuosa, sin obligarlo ni someterlo, logrando que haga las cosas por gusto. Esto nos permite generar un vínculo positivo, basado en la confianza y el afecto.

Todo perro debería ser entrenado, cuando menos, en una obediencia básica. Manejando comandos esenciales se le puede enseñar a comportarse adecuadamente ante diferentes situaciones del día a día para evitar problemas. Por ejemplo, cuando está en el interior de la casa, cuando hay visitas, cuando se tiene comida en la mesa, para evitar que destruya cosas, para que juegue de forma adecuada o para pasearlo sin que tire de la correa. Esto último es de vital importancia.

Muchos perros dejan de ser paseados porque tiran de la correa. Como consecuencia, el perro acumula energía y se estresa, lo que hace más probable que salte encima, rompa cosas, haga hoyos o juegue bruscamente. En resumen, puede convertirse en un perro mal comportado y no se podrá interactuar con él, pudiendo incluso llegar a volverse agresivo. Terminará, por tanto, recluido al patio, quizás amarrado o dentro de un canil, y en algunos casos extremos, abandonado. Todo porque no se le enseñó a pasear correctamente.

Educar a nuestros perros desde pequeños es la clave para una sana convivencia. Es la forma óptima en que podemos disfrutar de su compañía, ¡y nunca es tarde para hacerlo! Desde los 2 meses (o incluso antes) un cachorro puede ser adiestrado con refuerzo positivo. No hay que esperar a que se presenten los problemas de comportamiento para hacer algo al respecto. Es mejor anticiparse y prevenir su aparición. La educación temprana es una inversión que vale la pena. Nos permitirá disfrutar por años de la compañía de un perro bien portado y equilibrado, que será nuestro mejor amigo, y de nuestros hijos también. Lo importante que se debe tener claro es que todo perro puede aprender, sin importar su edad.

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