Conversaciones con Pichi… El regreso

en Home/Pichi/Tendencias

“Tiene un significado especial estar en esta edición de MESTIZOS, porque entiendo que estamos ante una audiencia que –a diferencia de la que sigue semanalmente ‘Conversaciones con Pichi’ en Facebook por más de dos años– tal vez no esté del todo familiarizada con quiénes somos y lo que hacemos”.

Por Paul Ehrlich

La fantasía ha sido un factor importante durante toda mi vida, porque más que ser una forma de escape del quehacer diario, ha sido el motor que me ha permitido disfrutar de grandes “fantasistas” de la literatura y el cine, y de crear mis propios mundos llenos de personajes que, con sus virtudes y defectos, forman parte de mi vida.

Pero Pichi es MUY real. Una noche de septiembre, hace tres años, llegamos a nuestras vidas; él con tan solo tres semanas de vida, asustado y hambriento, y yo empezando una nueva vida, igualmente asustado y con más dudas que certezas. Dos seres absolutamente distintos, con una misma necesidad.

La vida está llena de misterios, y muchos de ellos debemos humildemente aceptarlos por lo que son, y no “rebanarnos” la cabeza inútilmente para seguir con nuestras vidas de la manera más cuerda posible. Unos de esos misterios es que Pichi sea argentino, a pesar de haber nacido en Montgat, en la costa de Catalunya. El otro, que siendo un gato, haya logrado que yo hable con él. Rápidamente entendí que si nos íbamos a llevar bien, ambos tendríamos que poner de nuestra parte. Yo un poco más que él porque Pichi, además de ser un gato, o precisamente porque ES un gato, no lleva en su ADN el verbo “ceder”, y exigir es parte de su naturaleza.

Y ya está. Ese es el truco que hace posible “Conversaciones con Pichi”.

Hay que entender que convivir, ya sea con humanos o con “no- humanos”, no es fácil: nos sube, nos baja, nos hace reír y renegar, y no pocas veces puede llevar nuestra paciencia al límite, pero que se vive y se disfruta a través de la aceptación del otro tal y como es, y esto gracias a una poción mágica que se llama Amor.

Yo amo a Pichi, y por lo que él “me dice” (a veces), creo que el también a mí.

– Che, pá… ¿Todos los

animalitos son chiquitos?

¿Cómo que todos son chiquitos?

– Sí, que si empiezan chiquitos y después

son grandes.

Sí, todos.

-¿Las hormigas también?

También.

– ¿Y las pulgas?

También.

– Y….

¡Todos los animales primero son chiquitos y después se hacen grandes, Pichi!

¿Pero vos estás seguro?

Segurísimo.

– No sé, boludo, preguntale a la tía

Margarita.

La tía Margarita sabe lo mismo que yo.

-¿Pero vos me estás cargando? La tía

Margarita sabe un montón más que vos, pá!

¿Y por qué lo decís, a ver?

-¡Y, porque vive en Holanda, boludo!

Ah, ¿y porque vive en Holanda sabe más que yo?

-¡Obvio, pa, en ese planeta re saben!

No es un planeta, Pichi, es un país.

– Bueeeno, che, país…

¿Y cómo sabés eso vos?

-¿Qué cosa, che?

Que en Holanda saben más.

-¡Y, porque ahí vive la tía Margarita!

Por si no sabés, en todos los países hay gente que sabe mucho.

-¡¿Más que la tía Margarita? Vos estás en pedo!

Sí, sabe mucho, pero…

– ¿Sabés quién re sabe?

¿Quién?

-Lorena.

Es verdad, Lorena también sabe mucho.

-¿Más que vos, pá?

Seguramente, porque es veterinaria.

– Y Lorena es re linda, boludo.

Sí, ya sé que es muy linda.

– ¡Pero es muy muy re linda!

Ya quedó claro, es muy linda.

– ¿Y vos por qué no sos uno de esos?

De esos, ¿quiénes?

– De esos como Lorena.

¿Veterinario? Porque aprendí otras cosas.

– ¿Te aprendieron a hacer letritas a vos?

Algo así, pero nadie sabe “todo”, Pichi, por eso es bueno seguir aprendiendo.

– Yo me aprendo solo.

¿Ah, sí? ¿Qué aprendiste solo, a ver?

-Yo solito aprendí a subirme a los árboles.

Eso es verdad.

-¿Sabés que Néstor no sabe?

Néstor es un perro, Pichi, y los perros casi nunca saben subirse a los árboles.

– Y, porque es un papanata, pá.

Y por qué decís siempre que Néstor es un papanata, che?

– ¡Porque el petiso es re boludo, pá, ladra por cualquier cosa!

Eso hacen los perros…

-¿Sabés que no sabe jugar a las escondidas, che? Se esconde y el papafrita ladra.

Pero sabrá hacer otras cosas. ¿No me dijiste que es re bueno oliendo?

– ¡Siempre encuentra todo olorosando, pá, el pibe es un fenómeno!

¿Viste? A los amigos se les acepta tal y como son, porque además, a lo mejor pueden hacer algunas cosas mejor que uno y podemos aprender de ellos.

-Che, pá..

Decime…

-¿Le podés preguntar a la tía Margarita una cosa?

A ver..

-O si querés, le podés preguntar a Lorena.

Depende de la pregunta.

– A Lorena, mejor.

¿Por?

– Porque es de animalitos.

Está bien, le pregunto a Lorena.

– O a la tía Margarita..

¡Decime cuál es la pregunta, Pichi, y yo veré a quién le pregunto!

– Buuueno, che, no te pongás así…

Es que cuando empezás a divagar….

¿Cuál es la pregunta?

 

Tags:

Último de Home

Ir a arriba