Daniela Echeverría & Galán “Lo vi y me enamoré”

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Lo conoció tras los incendios en Valparaíso, en abril de 2014. Tenía un mes y medio, era pequeño, estaba desnutrido, con parásitos y sarna. “Cuando lo veo corriendo feliz con su lengua afuera me llena el corazón’’, dice la ganadora del concurso Portada Mestizos Aniversario.

POR: Isabel Pinto G. – Maquillaje y pelo: Sole Donoso.  – FOTOS: Gonzalo Muñoz F.

Verlos llegar a la sesión de fotos ya nos da una pauta de quiénes son. Él no se despega de ella, y ella está pendiente en todo momento de su “cachorro”. Ganaron la portada de Mestizos Magazine porque quedaron entre los 5 más votados (tal como decían las bases del concurso), y su historia nos cautivó, nos pareció digna de dar a conocer.

Daniela Echeverría tiene 31 años, es abogada, siempre le han gustado los animales, creció rodeada de ellos y su familia le inculcó la importancia de la tenencia responsable. Cuando se fue a vivir con una amiga sintió que algo le faltaba, estaba a acostumbrada a sentir patitas en la casa y tenía muchas ganas de tener un perrito.

Esta abogada siempre se ha preocupado por los animales; trabajó activamente en una fundación donde apadrinó a un perrito, lo iba a ver al refugio, le llevaba comida, se hacía cargo de sus remedios, vacunas y de todo lo que necesitara; incluso cuando Galán llegó a su vida decidió hacerse vegetariana.

#AnimalLover

Cuando ocurrieron los incendios en Valparaíso, en abril de 2014, junto a una amiga a la que también le gustan los animales comenzaron a recaudar donaciones entre sus familiares y cercanos, luego pidieron unos días de permiso en sus trabajos y partieron a dejar lo que habían conseguido. Terminaron trabajando como voluntarias en el Hospital de Campaña para animales; Daniela les hacía terapia alternativa con Flores de Bach a los perros que estaban quemados para ayudarlos a superar el estrés postraumático, y su amiga estaba a cargo de ingresar a los animales que iban llegando al recinto. ‘’Me contó que había llegado un cachorrito, lo vi y me enamoré; tenía un mes y medio, era del porte de mi mano’’, recuerda. Fue así como conoció a Galán, quien llegó al hospital el mismo día que ellas comenzaron a trabajar como voluntarias en el recinto.

Galán

Galán había sido abandonado antes del incendio; fue encontrado solo en una quebrada al lado un puñado de pellets para perros adultos. Pese a no tener quemaduras estaba con sarna, parásitos internos y externos, tenía pelones, heridas y pulgas. Lo llamaron Galán porque las niñas del hospital se peleaban por él, como no tenía vacunas y el suelo estaba infectado (había un foco de parvovirus en el recinto), pasaba todo el día en brazos para que no tuviera contacto con el piso, lo regaloneaban mucho, dormían con él y se convirtió en el Galán del hospital.

‘’Me enamoré de él, hablé con la persona que estaba a cargo, porque no estaban dando en adopción. Le dije que me interesaba, que feliz lo adoptaba, pero que estaba súper enfermo y no sabía si era responsable llevármelo así. Al final me lo entregaron en adopción con la condición de que lo llegara a internar a Santiago, porque de verdad pensaban que se podía morir’’, dice Daniela.

Regresaron con un integrante más a Santiago, y de inmediato fueron al veterinario. “Lo revisó, tenía sarna, una cantidad increíble de parásitos y pulgas, estaba desnutrido, pero de ánimo estaba súper bien. Le inyectó un remedio que lo ayudaría contra la sarna y a subir sus defensas. Llegamos a la casa y no tenía nada de perro, debía hacerle baños y poner cremas para la sarna, darle pastillas para los parásitos. Tenía chipe libre de comida, y comía una cantidad impresionante para el tamaño que tenía, podía pasear todo lo que quisiera, lo único que no podía hacer era dormir conmigo por la sarna, ya que podía ser contagioso. Cuando lo vi recuperado y totalmente sano, fue pura felicidad’’, recuerda.

“Me cambió la vida”

Galán es el partner de Daniela, la acompaña todos los días, también cuando está enferma. “Me espera cuando estoy malgenio, de repente uno está más cansado, pero igual te levantas y lo sacas a pasear, y cuando lo veo corriendo feliz con su lengua afuera, te juro que me llena el corazón”.

Dice que con Galán su vida cambió radicalmente; se acostumbró a ser más responsable, a preocuparse de los horarios, sabía que debía volver a la casa porque había alguien esperándola para salir a pasear, debía preocuparse de las vacunas y de todos los cuidados que un perro requiere. “Fue loco, porque entro a trabajar muy temprano y en ese tiempo estaba haciendo un postítulo, y llegaba algunos días muy tarde. Lo dejaba en la casa y todos los días volvía pensando en qué maldad habría hecho, porque se comió la alfombra, una muralla, mi cama, su cama, juguetes, lo que pillaba se lo comía, de aburrido”, cuenta.

Daniela se puso a investigar en Internet sobre el comportamiento de los cachorros –también pensando en que Galán había sido abandonado– para ver qué podía hacer. ‘’Llegó un punto en que si lo dejaba encerrado en la cocina hacía una maldad, si lo dejaba suelto hacía otra, estaba vuelta loca, llegaba estresada pensando en qué había hecho. Estuve como tres meses volviéndome loca, y al cuarto mes descubrí Edupet”, agrega.

“Siempre digo que Galán iba al colegio, porque lo pasaban a buscar a la casa todos los días en un transporte adaptado para perros, se lo llevaban a Edupet donde tenía distintas actividades para gastar energía, porque descubrimos que era hiperactivo. Ahí hacía trabajos cognitivos, de socialización y compartía con otros perros; en esa época habían varios de la misma edad, entonces fueron creciendo juntos”, menciona.

Comenzó a ir “a clases” cuando tenía tres meses, “siempre ha estado con ellos, al año dos meses empezó a bajar las revoluciones, ya no estaba tan hiperactivo, no requería que lo cuidaran todo el día para que no hiciera maldades, ahora lo puedo dejar solo y no hace nada. Ellos le enseñaron hasta cómo comer, porque como era abandonado al principio comía, comía y comía hasta vomitar, y si se acercaba un perro a kilómetros de su plato, ¡uf! Él es pacífico, nunca pelea, pero la comida es un tema importante. Aprendió a controlarse”.

Galán asistió regularmente a su colegio durante un año; ahora lo van a ver a la casa tres veces a la semana. Lo pasean, se junta con otros perritos, hace trabajos cognitivos con distintos juguetes, lo ‘entrenan’ a través de ciertos comandos, pero Daniela dice que a ella le hace caso cuando quiere. “A las chiquillas les obedece todo el rato, pero para mí lo impagable es que ellas se dediquen a estar con él cuando yo no puedo, a mí me daría pena dejarlo todo el día encerrado en el departamento, se pone feliz cuando llegan, empieza a saltar, lo pasa bien”.

Fue importante buscar alternativas que la ayudaran a educar a Galán. “Cuando adopté a Galán hice una promesa con él: no ser de esas personas que adoptan un perro y después lo dejan botado, no los pescan o no los sacan nunca. No pensé que iba a ser tan grande, me habían dicho que iba a ser más pequeñito, y además es hiperactivo. Es parte de la tenencia responsable, dedicarse, sacarlo a pasear, si no puedo hacerlo durante una hora por último un ratito, que comparta con otros perros, con niños, que salga a la plaza, que juegue con pelotas; en ese sentido para mí Edupet es parte de la tenencia responsable, porque lo hacen feliz, ellos le dan amor y le dedican tiempo que muchas veces porque estoy trabajando no se lo puedo dedicar. No puedo permitirme dejarlo solo y aburrido en el departamento”.

Un nuevo integrante en la familia

Galán y su dueña vivieron alrededor de dos años solos, luego llegó a compartir con ellos el pololo de Daniela. “No se puso celoso, con el Diego se llevan súper bien, aprendieron a conjugar y son felices, como dos niños jugando, se adoran, lo pasan súper bien. Lo sacamos todos los días en la tarde, aunque llueva; le encanta salir a la hora que sea, es súper sociable, es centro de mesa, cree que todo el mundo lo quiere y él quiere a todo el mundo. Es un perro inherentemente feliz, todo lo hace feliz, juega con las pelotas, con las botellas, ama a la gente a los niños, todo el mundo le hace cariño”.

“Siempre estoy procurando generarle alegrías, que es el compromiso que hicimos, por eso el fin de semana vamos a la playa, lo llevamos a la nieve, al río, a todos lados; le encantan las actividades al aire libre. También pasear donde hay agua, no se baña en las piscinas pero le encanta meter las patitas al agua, le gusta la naturaleza porque ahí lo suelto, se siente libre y corre, se da vueltas, juega, se revuelca en el pasto, en la tierra, le encanta el contacto con la naturaleza. Él tiene su cama pero duerme con nosotros, se pasa en la noche y duerme en los pies de la cama, es un perro feliz”, finaliza Daniela.

Una vez que terminamos la entrevista ratificamos que esta dupla tenía atributos de sobra para ser nuestra portada. Galán es un perro que genera ternura, se porta como pocos y tiene una conexión evidente con Daniela. La preocupación y responsabilidad que mostró ella por su perro desde un comienzo hace que sea un ejemplo para todos aquellos que dudan que se puede tener bien a un perro, aunque sea grande, aunque vivas en departamento, aunque trabajes, aunque tenga problemas de conducta. Se puede adoptar sin cuestionarse tanto, sólo como un acto de amor responsable, puedes hacer feliz a otro y ser feliz. Gracias Daniela y Galán.

Premios

Galán ganó 6 meses de comida Proplan para él y para un amigo de una fundación que él eligió: Animales Llano Subercaseaux. Además de $100.000 en compras en nuestra tienda Mestizos Bazar.

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