Dr. Colmevet: El drama de los perros de pelea

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Las peleas de perros corresponden a una “actividad” que –pese a ser ilegal– aún se practica en nuestro país, impulsada por individuos que poco saben sobre caninos y menos sobre cómo criarlos y darles los cuidados apropiados.

POR: Erick lucero.

Corresponde a una “actividad” que engloba sólo maltrato sobre el individuo, el cual al ser adquirido es criado en condiciones pobres de estímulos sensoriales/ambientales, lo que lleva a que posteriormente tenga dificultades para relacionarse con su entorno. No es raro que estos caninos criados en condiciones de privación de estímulos comiencen a cursar cuadros de fobias ontogénicas asociadas al desarrollo. Se suma a ello el poco contacto con humanos, lo que conlleva un riesgo inherente a que pueda agredir a personas más adelante, pero más grave aún puede llegar a predar niños debido a la escasa sociabilización hacia ellos.

Este tipo de caninos, además, no presenta oportunidad alguna de socializar con individuos de su propia especie, por lo que no desarrolla habilidades de comunicación ni autocontrol. De esta manera, al verse enfrentado a otro perro, no sabrá comunicarse, siendo muchas veces agredido como consecuencia de esto, lo que desencadena el aprendizaje de que los otros perros son un peligro. Si se suma que el individuo no ha adquirido los autocontroles (corporal y de la mordida) y que no ha socializado adecuadamente con otros perros, será altamente probable que en un contexto de conflicto agreda sin detenerse a pesar de las señales de apaciguamiento que el otro perro le esté dando o, por otro lado, que a pesar de estar siendo seriamente reprimido por otro perro, él luchará quedando muy lastimado o inclusive hasta morir, ya que no conocen el apaciguamiento y menos dar señales de sumisión, lo que normalmente daría por terminado el conflicto entre dos caninos normosocializados.

Son además individuos que sufren y sufrirán el resto de su vida, porque no son capaces de interactuar con su entorno y por ende están en constante frustración; sufrirán de maltrato no solo físico sino mental, debido además a las pobres condiciones de mantención en que se encuentran.

Ante esta situación no podemos más que condenar este tipo de actos y como gremio ser capaces de fomentar las denuncias de cualquier tipo de maltrato animal pero con mayor énfasis este tipo de “actividad” que genera maltrato durante toda la vida del canino y que muchas veces debe terminar en la eutanasia por la dificultad o imposibilidad de rehabilitación, y, por tanto, de reubicarlo debido a los altos riesgos de agresión.

Hoy este tipo de individuos sería nombrado en la categoría de “espécimen canino potencialmente peligroso” según la nueva ley de tenencia responsable de mascotas, y por ella deberán regirse. Cobra entonces gran importancia la fiscalización que cada uno de nosotros como médicos veterinarios podamos hacer; por un lado para frenar este tipo de maltrato que no da oportunidad alguna al individuo a interactuar con su entorno y desarrollar correctamente su comportamiento durante su vida, y, por otro lado fiscalizar la tenencia de este tipo de caninos que puede presentar un gran riesgo para la salud humana y animal.

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