Karla Melo, Taylor, Cabezón y Cuchita “Nunca más compraría animales”

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Conoció el amor perruno con esta perrita poodle. Junto a su familia la cuidaron como hija única, y hace un par de años descubrió la magia de los gatos. No sólo eso; se convirtió en una activista en redes sociales. Conozcamos una historia que identificará a muchos.

POR: CAROLINA PALMA F.
FOTOS: GONZALO MUÑOZ F.
Maquillaje y pelo: Kamila Melo (@kamilameloactriz) POLERA: NEKO MASCOTAS.

Taylor (7) se lanza a mis brazos, Cabezón (2) llora por un trocito de jamón, y Cuchita (3) se esconde donde puede. Es tímida. Así transcurre la vida en la casa de Karla Melo (30), actriz que vemos en la teleserie “Tranquilo Papá”, de Mega, y en la compañía de teatro “Divas a la Deriva”.

Actualmente vive con los tres cuadrúpedos, su abuelita y su hermana, aunque pronto dejará la casa para vivir en departamento propio, con su pololo. Se llevará a Cuchita con ella. ¿Por qué no se va con la Poodle? Cuenta que Taylor llegó a casa como un regalo para su abuelita, por lo mismo, se quedará con ella.

“Cuando llegamos a vivir a esta casa de Recoleta ella dijo que quería un perrito chico, así que la buscamos por Internet y se la trajimos envuelta de regalo de cumpleaños. Cuando abrió el paquete dijo ´¡Elizabeth Taylor!´, igual como dijo ‘Charlotte’ en ´Sex and the City´. Vimos mucho esa serie y parece que mi abuelita se quedó con esa frase (ríe). Mi sobrino chico le decía solo Taylor, así que quedó así”, recuerda entre risas.

Su pololo tiene 3 gatas y dos perros. Una de ellas, la Negrita, es de los dos. Por él se me incrementó su amor por los gatos, aunque no se declara una gatuna al 100%. Queda embobada con las gracias de Taylor, y nosotros también. Apenas Karla o su hermana Kamila –la verdadera madre de Cabezón– le dicen que van a salir o si quiere una galletita, ella dulcemente ladea su cara. Todo cambia cuando la llaman para bañarse; al instante se sube a los brazos buscando protección. Una exquisita.

¿Quién se preocupó del look de los 3?

Mi hermana los arregló, los peinó y le puso el corbatín a Cabezón. Es increíble cómo estamos llenos de pelos. Tenemos rodillos para sacar los pelos de la ropa, de los sillones. Mi abueli reclama porque aparecen pelos de gato hasta en la comida (ríe). Yo estoy asumida.

Cuando me dices que buscaste a Taylor, ¿te refieres a que la compraste?

Sí, pero después me di cuenta del error, porque uno no sabe al principio. Se supone que era un Poodle Toy, pero era mediana. Mi hermana la compró, pero nunca más compraría animales, jamás. La verdad es que no tenía conciencia del tema. Ahora nos dedicamos a recoger animales y dar en adopción, y como tengo harta gente en las redes, funciona súper bien.

¿Taylor es tu primera perrita?

Antes tuvimos perros grandes, entonces vivían en el patio. Nosotros estábamos en otra, en el colegio, en la universidad, y no pescábamos tanto. Desde que llegó Taylor tomamos conciencia de todo, de llevarla al veterinario siempre, de cuidarla, de darle amor todos los días. Incluso tenemos una veterinaria que los atiende a todos, y ella nos avisa cuándo son las vacunas, cuándo desparasitar, todo.

¿La cruzaron alguna vez?

No, no quiso ser madre, fue su decisión (ríe). Rechazó al perro, se enfermó, así es que no quisimos obligarla. Nosotras queríamos hijos de ella para que se quedara con nosotras, pero no resultó, así es que decidimos esterilizarla. Nos dijeron que era mejor operarla, porque así se evitaba un cáncer de útero o de mama. Menos mal que no hemos tenido ningún problema médico con ella. Sólo en verano cuido a los tres del sol o les pongo bloqueador, porque son muy blancos.

¿Y quizás tener otro perrito?

No, es que nunca pensamos tener más animales tampoco. Cerré “la fábrica”. Tenemos estos dos gatos porque llegaron solos a la casa. La Cuchita, de tres años, estaba gritando en un árbol afuera y la Kamila la fue a recoger. La queríamos dar en adopción, le buscamos casa y encontramos. Aunque pasó algo en el camino…

¿Qué pasó?

La fui a dejar a la casa de una niña en Lo Espejo que la quería, pero me vine todo el camino llorando. Lo que pasa es que la esterilicé y la fui a dejar con los puntos y todo. Me sentía tan mal que llamé a la niña para decirle que la iba a buscar y que se la devolvía cuando le sacaran los puntos.

Te odió…

Me odió mucho y me dijo “sé que no me la vas a devolver”. Además, después pensé que la niña tenía dos hijos chicos, y cuidaba tres niños más, era su pega… Me imaginé que los niños jugarían con ella, y la gatita estaba con puntos más encima. Incluso escribió en una página lo que le hice, pero mi amor fue más grande. Al final, está lleno de gatos para adoptar. Claro que la embarré en ir a dejársela. ¡Perdón!

¡Conociste el poder gatuno!

Y nunca había tenido gato, jamás me interesaron. Al principio decía “mira cómo amasa, cómo juega”, y me respondían “eso hacen los gatos siempre”. Yo no tenía idea, son bacanes los gatos. La gata no pesca a nadie en todo el día, no quiere que la tomen y sale poco a la calle. El Cabezón se deja tomar y sale más también. Están los dos operados. La gata me busca en la noche, se pone encima mío, como que me abraza. Es cuando ella quiere no más. Tendría que haberle puesto Diva, no Cuchita (ríe).

Taylor hija única hartos años. ¿Cómo la criaron?

La Taylor es la reina. Como nunca tuvimos un perro chico la criamos de una forma muy aprensiva. Cuando íbamos por la calle y se acercaba un perro, la tomábamos altiro. Entonces la Taylor no se junta con perros. En la calle quiere que la tomen, no quiere acercarse a los perros. Una vez la perra de mi pololo la mordió, le sacó un pedazo de pelo y quedó traumada. Ella jura que es humana.

¿Cuál es la historia del más estiloso de la casa, Cabezón?

Es un callejero. Hace un año él venía a la casa por atrás y, como en el verano dejamos la puerta abierta, entraba y se comía la comida de la Taylor o la Cuchita. Lo sacábamos cuando lo veíamos. Era un gato ladrón. A mi hermana le dio pena, se enamoró, así es que comenzó a darle comida en el techo. Hizo un trabajo diario para que agarrara confianza. De a poco el gato se comenzó acercar, a comer cerca de ella, después dejó que le hicieran cariño, bajo al patio y ahora está acá adentro. Lo publiqué en ls redes, lo pidieron, pero mi hermana al final no quiso darlo en adopción.

¿Lo esterilizaron?

Sí, pero no pierde las malas costumbres. A veces lo pillamos dentro del basurero sacando huesos de pollo, no podemos dejar nada encima de la mesa porque se lo come (ríe). Mi hermana es más mamá del Cabezón, ella le puso ese corbatín, se preparó para la sesión de fotos (ríe). ¡Como era callejero, se está superando! (ríe).

¿Colapsan con los tres en la casa?

No, porque los gatos son bien independientes. Sí nos complicamos en verano; la Taylor va con nosotros de vacaciones, pero no podemos llevar a los gatos. Por suerte mi suegra es gatera, ella viene a darles comida y cuidarlos.
“Una marca me envía comida, arena, las camas, y yo los ayudo con sus campañas de adopción. También tengo mis propias campañas de adopción. Hace dos semanas recogí un gato, y en la esquina le hicimos una casa de madera a un perro callejero y todos le damos comida. Al frente hay una iglesia mormona donde tiran gatos, y como las vecinas saben que nos preocupamos de los animales, me vienen a decir “hay un gatito allá”. Y parto a buscarlo. Para dar en adopción los entrevisto, les pregunto cómo viven, si tuvieron animales y a quien más me tinca, se lo voy a dejar”.

“LA FAMILIA NO SE ELIGE”

Al ser consultada por la relación que tienen los animales entre sí, la respuesta es tajante: “No se pescan… Esta es mi teoría: cuando llegó la Cuchita, buscaba a la Taylor, pero nunca la pescó, entonces la gata se crió con un perro que no la pesca, que no juega. Cuando llegó Cabezón y quería jugar con ella, la Cuchita hacía lo mismo. Al final, no juegan entre ellos. Es divertido cuando tomamos once, porque cada uno se sienta en una silla; parece que tomamos el té con ellos (ríe)”.

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