Malucha  Pinto y Rosita “Los gatos tienen un centro personal poderoso”

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La excesiva domesticación de nuestros animales, que puede impedir la conexión con su verdadera naturaleza, y nuestras propias castraciones, forman parte de  sus reflexiones. La destacada actriz nacional  revela el cambio que produjo su hijo Tomás en su relación con la Tierra y el sano acercamiento al mundo animal.

POR: Carolina Palma Fuentealba   FOTOS: GONZALO MUÑOZ F.    Make Up: Paula Bruzzone con productos MAC

Su familia era perruna, su primer perro fue el Kike, un “quiltro tuerto”, después vino Kazán, un pastor bien guardián, pero bueno para la pelea. Tanto que murió en una y no hubo más perros en la casa por la pena que les produjo. El cambio total vino cuando nació su hijo Tomás (29) con parálisis cerebral. “Me abrí de nuevo a los animales, porque consideraba que era importante que mi hijo se relacionara con ellos. Vino el tiempo de plantar, sembrar, trabajar la huerta y ahí llegamos a la locura de tener 79 animales, porque un momento nacieron 12 perritos de una perrita y 4 gatas tuvieron gatos. Una locura. Mi pareja en ese tiempo me dijo que eran los animales o él, así que regalé algunos animales”.

Dentro de las historias aparecen en la conversación, destaca la de los gatos Venus y Marte, nombres de planetas porque Malucha estaba muy relacionada con la astrología en ese minuto de su vida. Marte tuvo un accidente horrible y tuvieron que amputarle una pierna, así que de algún modo se transformó en un ícono dentro de la casa porque se hacía una relación entre este gato luchador y Tomi -como llama a su hijo Tomás-. Marte vivió varios años e incluso se transformó en padre de una camada.

Son parte de las muchas historias que Malucha guarda en su memoria y que habla de su cercanía con los animales y la naturaleza.

Llegamos a su casa en la Comunidad Ecológica de Peñalolén, donde reside hace 20 años y comparte el terreno con su nuera y nietas.  Viven en su casa dos perros: Tormenta y su hijo Calcetín, junto con cinco bellas gatas que, si bien no se llevan muy bien entre ellas, mantienen una sana convivencia. ¿Quiénes son? Martina (15), Chalita (13), Jacinta y Magnolia, dos grises preciosas de 6 años, y Rosita que pronto cumplirá un año.  “No pueden aparecer juntas en las fotos porque son celosas ente ellas, son territoriales. Son gatas de la naturaleza femenina, tienen sus aspectos oscuros también”, advierte.

Suele dormir con Martina y Chalita, y las demás tienen su propia pieza al lado de la cocina, donde entran y salen cuando quieren a través de un pequeño orificio. Todas están esterilizadas. “Tengo muchas historias de gatos. Una impactante fue que una gatita parió en las piernas del Tomi cuando tenía 6 años. Lo teníamos en el jardín y de repente escuchamos aullidos de gatito. Increíble”.

Siempre optaste por adoptar, no por comprar. ¿Se dio de forma inconsciente?

Sí, los hemos recogido o me los han regalado. Hay tantos perros en tantas partes. En la comunidad (Comunidad Ecológica de Peñalolén) vienen a tirar perros guagüita. Mi nuera, mi socia, acaba  de recoger a Bruno, un perrito con la colita cortada que tiraron. Son perros que se nota que estuvieron en una casa, y después los tiran. No entiendo eso. La gente quiere tanto tener hijos, se hacen muchos tratamientos, habiendo tantos niños para ser adoptados, y lo mismo pasa con los perros. En vez de comprarte un súper perro de raza, mejor adoptar.

Tienes dos perros ahora. La Tormenta…

Sí, la Tormenta y su hijo Calcetín. Mi perrita Rosita estaba súper mal, murió un miércoles y el martes llegó la Tormenta a la casa y no se fue más. Es como si la Rosita la hubiese dejado aquí, fue bien mágico y misterioso. Después la Tormenta tuvo dos perritos, Calcetín y la Primavera, pero esta última se perdió.

¿En la Comunidad se pierden muchos perros?

Antes eran bien libres, pero ahora existe todo un control, especialmente este año. Ahora piden encerrar a los perros y no es fácil dejarlos encerrados porque se pueden salir por miles de partes. Casi tendrías que tener un bunker para mantenerlos adentro. Igual se comprende porque botan los tarros de basura y algunos muerden. ¡Gracias a Dios los míos no han salido en fotos de denuncia o en las fotos que mandan por el WhatsApp!

¿Cómo hiciste el giro a tener más gatos que perros?

En mi casa nunca existieron gatos, había un prejuicio porque se supone que eran traicioneros y los pelos daban alergia. Creo que el mayor giro se produjo cuando nació el Tomi. También estuve un tiempo sin pareja, y llegó el gato, y la nueva pareja era con el gato incluido.

¿Qué es lo que más te gusta de los felinos?

Me encanta su energía y esa cosa de “cuándo yo quiero, dónde quiero, cómo quiero”. Tienen un centro personal muy poderoso y eso a uno le enseña mucho. Son cariñosos hasta cierto punto, tienen sus límites y uno tendría que aprender de eso. Son bien maestras las gatas. Aprendí mucho de ellas en la maternidad. Como un tiempo tuve tantos gatos, las observaba mucho. Ellas tienen sus gatos y están entregadas a ellos, los cuidan, son muy protectoras y disponibles, pero llega un momento que se acabó y gruñen a sus hijos. Existe disponibilidad total cuando saben que deben estar ahí, pero hay un momento que el gato puede solo y ya no hay más enredos. Las mamíferas hembras deberíamos aprender sobre eso.

Los gatos también tienen un componente místico, ¿no?

Es parte del estigma de los gatos. Cuentan que las egipcias y las chinas andaban siempre con un gato, porque les decía quién era positivo, amoroso y quién no. Ellos son súper perceptivos de la energía del otro. A algunos no se vinculan, a otros les gruñen y a otros se acercan y se enroscan en las piernas. Por otro lado, el ronroneo es súper sanador, de verdad. Estuve coja mucho tiempo, porque tenía un problema a la cadera y mi gatita Martina se ponía ahí. Se ponen a ronronear donde te duele. Tienen mucha relación la salud y pueden notar cómo estás. Los gatos son unos aliados, son animales bien especiales.

Su vida cerca de la naturaleza, rodeada de árboles y cerros vino junto con el nacimiento de su hijo menor, Tomás. “Era súper urbana, tenía poca conexión. La decisión de tener un hijo, porque Cristóbal -su primer hijo- tenía 14 años cuando decidí embarazarme otra vez, fue un cambio profundo en mí, como volver a mis aguas, a lo femenino, a otros tiempos. Con el embarazo se me abrieron muchos espacios de conexión bien profundos. Nació el Tomi, supimos que venía con todos estos temas y ahí fue abrazar la vida de otra manera. Ahí llegaron los animales, la naturaleza y vamos cada vez más lejos”, cuenta mientras un sol radiante entra por los amplios ventanales de su casa, la que fue construida pensado en estar dentro de la casa pero sintiendo que estás fuera de ella.

¿Tienes la percepción que la gente mira distinto a los animales hoy?

Absolutamente. Ahora, creo que todo tiene sus claros y oscuros. Se ha instalado lentamente la consciencia que somos parte de un ecosistema inmenso que involucra el universo entero. Somos parte de la naturaleza, somos mamíferos como todos los mamíferos de la tierra, somos árboles, flores, cielo, raíces… Lentamente se ha ido instalando esa consciencia, y que se tiene que instalar porque sino vamos a morir. La separación del ser humano de la naturaleza ha hecho que el humano cometa horrores con otro ser humano, que tenemos designado como enemigo, pero también con nuestros amigos animales. Pone de manifiesto un espectro de la especie humana que hay que transformar. Creo que este negarse a la maternidad o paternidad ha hecho que pongamos a los animales en otro lugar.

Los vemos como hijos…

Claro, pero la relación con los animales es una y es profunda, es bella, es de socorro mutuo. Los animales hacen mucho con uno, y hay una relación de paridad, pero no son tus hijos. Si queremos tener hijos, tengamos hijos con todo lo que significa tener hijos y establezcamos una relación con nuestros hermanos animales entre mamíferos. Por otro lado, me pasa que en esta locura que vivimos, los anulamos. ¿Hasta dónde la domesticación?, ¿hasta dónde le vamos quitando las capacidades? Tenemos perritos que vestimos, le lavamos los dientes; imagínate un perrito así aquí (en la naturaleza) se muere seguramente. Los animales tienen toda la maravilla de su condición salvaje que tampoco se la podemos robar. De alguna forma, es parte de nuestra soberbia y desconexión con la naturaleza. Es una señal de cómo nosotros mismos nos vamos quedando sin nuestro espacio salvaje.

¡Tremenda reflexión!

Claro, es que nosotros también tenemos nuestro espacio indomesticado, la conexión con nuestros instintos, que nos permite saber qué hacer cuando estamos en peligro. Esta desconexión con la naturaleza nos ha ido quitando muchas habilidades.  Siento que las causas animalistas también son mentales, ideológicas, pero de fondo seguimos separados y no asumiendo esta parte nuestra que nos une con todos los animales del planeta.

En ese sentido, las políticas pro esterilización, ¿te parece que es quitarles parte de su naturaleza o más bien un acto de salud pública?

Hay tanto perro vago que nadie se hace cargo que es necesario conversar al respecto. De todas formas, me parece un tema de salud pública esterilizar.

¿Falta un equilibro en cómo tratar a los animales?

Sí, y conversar sobre cómo convivimos en la tierra todos juntos, cómo un Estado se hace cargo de esta desconexión. El tema es de fondo, cómo convivimos todos juntos, cómo volvemos a tejer redes de conversación para hacernos cargo de nuestros temas pendientes. Hacemos todo sin asumir de fondo lo que nos pasa y eso se relaciona con falta de humanidad.

Te gustan los caballos… (tiene figuras de caballos y elefantes)

Sí, me encantan. Mi vecino tiene uno. En mi terreno tengo un cementerio de perritos, y cuando enterramos a la Amarela, hace algunas semanas, estuvo todo el tiempo mirando y con las patitas golpeaba la reja. Siempre cuando íbamos a la reja con mis nietas, iba a conversar con nosotras, le dábamos manzanita. Son secos. Los elefantes también. Investigué sobre los elefantes por diversos motivos, y descubrí que cuando muere un elefante, los otros elefantes hacen un rito fúnebre: bailan en círculo. Igual que los humanos, honran su cementerio.

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