Mitos y verdades sobre los gatos

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Que son distantes, independientes y poco afectuosos son algunas de las clásicas características que la cultura popular ha atribuido a los gatos . En rigor, palabras de quienes no los tienen como sus mascotas favoritas. ¿cuánta responsabilidad tenemos los humanos en esos comportamientos?

Por Carola Reyes.

¿Qué dice la ciencia y la etología sobre las características negativas que popularmente se han atribuido a los gatos?

Buena parte de esas creencias y esa mala publicidad tiene varios orígenes: 1) Su conducta. Si bien son animales que pueden vivir en grupos y formar vínculos con los seres humanos, son una especie mucho menos social que el perro, y también están menos domesticados. Por lo mismo es más independiente. Además, la relación que se da entre un gato y su humano es muy distinta a la que tiene con cualquier otro animal doméstico, dado que es mucho más horizontal. Es decir, él se relaciona con nosotros en un mismo nivel, lo que para el hombre –que históricamente ha buscado “dominar” a la naturaleza– puede resultar un tanto incómodo. 2) Su comportamiento reproductivo, con celos ruidosos y “promiscuidad” de la hembra, hizo que en la antigüedad fuera relacionado a la fertilidad y a lo femenino, por lo que fue adorado en Egipto. Pero, en la Edad Media fue demonizado por estas mismas características. De todos modos, en otras culturas como la islámica o la budista la visión que se tiene del gato es muy diferente: para el Islam, es muy respetado, pues se dice que era el animal favorito de Mahoma.

¿Tienen siete vidas?

El origen de esta creencia está en Egipto, donde planteaban que un gato debía reencarnar siete veces antes de volver en forma de un ser humano. En un sentido más práctico, se dice esto por su capacidad de sobrevivir a situaciones que a otros seres vivos les costarían la vida, como caer desde grandes alturas, por ejemplo.

¿Son más astutos?

Todo animal lo es si se mira desde un contexto evolutivo. Discutir qué especie es más inteligente que otra es un debate algo obsoleto, dado que cada especie ha evolucionado para resolver problemas a los que se ven enfrentados en su medioambiente natural, desarrollando diferentes habilidades cognitivas que les resulten útiles. Pese a esto, el gato es capaz de aprender a través del adiestramiento. Por ejemplo, llegan a diferenciar la duración de sonidos cortos, y si se les enseña una ruta pueden tomar atajos, entre otras habilidades que conocemos.

Pensando en un gato doméstico, ¿cómo influimos los humanos en todas estas conductas y en el desarrollo de su carácter?

Podemos hacerlo de manera importante durante su etapa de socialización, que va entre las 2 y las 7 semanas de vida, ya que es cuando se determina cómo reaccionará ante distintas situaciones en la adultez. En la medida que lo expones a estímulos en esta etapa, controladamente y asociándolo siempre a experiencias positivas, es probable que enfrentado a dichos estímulos cuando sea grande, no los considere amenazas. Por lo mismo, en esta fase es crucial exponerlo al contacto con personas de aspectos variados para asegurarnos que luego se relacionará de buena forma con los seres humanos. Por otro lado, las situaciones que vaya viviendo con distintas personas irán generando aprendizajes que modificarán su conducta a futuro. Por ejemplo, si tiene una experiencia negativa con alguien, es probable que enfrentado a esa persona o a otras similares, el gato reaccione con miedo.

Algo que se puede dar cuando adoptamos un gato adulto es que sea muy huraño o agresivo. ¿Es modificable esa conducta? ¿Qué debo hacer?

Se puede cambiar, pero difícilmente en poco tiempo. Requiere de un trabajo sistemático y comprometido para enseñarle a confiar al menos en las personas con las que compartirá la casa, trabajo que suele tener progresos graduales en el mediano o largo plazo. La forma de trabajo y el pronóstico dependerá de la situación particular. Ahora, en situaciones de gatos que no han tenido ningún contacto con personas en su etapa de socialización o derechamente asilvestrados (ferales), las probabilidades de éxito son muy bajas y en general cuesta lograr cambios importantes.

¿Es cierto que en una familia de más de un miembro el gato escoge a uno como “su” humano?

Lo he escuchado antes, pero la verdad no es algo que se describa desde el punto de vista científico ni tampoco algo que me haya tocado ver sistemáticamente en la práctica. Como todo individuo, el gato puede vincularse de manera más fuerte con uno u otro miembro de la familia, pero es una situación normal, no exclusiva de los gatos y no apunta necesariamente a que escoja a SU humano dentro de la familia.

¿Cuánto influye el factor genético en su comportamiento?

Hay una relación compleja entre el efecto de la genética y el ambiente, y no es posible decir que una u otra característica dependa únicamente del ambiente o de la genética, ya que siempre hay participación de ambos. De todos modos, hay estudios que muestran, por ejemplo, cierta asociación entre el color del manto y la conducta, siendo los gatos negros mucho más adaptables a estímulos estresantes. También se sabe que la sociabilidad tiene un componente heredable importante desde el padre: los gatitos hijos de padres más sociables tenderían a ser más sociables.

¿Cómo demuestran su afecto y que están a gusto?

En la medida que un gato se vincula con otros individuos de su grupo, es frecuente que marque facialmente al otro, por ejemplo, cuando restriegan su cara y cuerpo contra nuestras piernas. También algunos tienden a acicalar a otros individuos con los que tienen un vínculo, aunque no es tan frecuente que lo hagan con humanos (y que no lo hagan tampoco implica que no haya un vínculo fuerte). El ronroneo también puede ser un signo de que está a gusto, siempre visto en un contexto, ya que no sólo ronronean por placer, sino también en situaciones estresantes o incluso ante dolores intensos.

¿A qué signos conductuales que indican algún problema debo estar atento y consultar?

Cualquier cambio repentino de comportamiento debiera preocupar enseguida a los dueños, ante lo cual lo ideal es que pueda someterse a una evaluación por parte del médico veterinario, con el fin de descartar problemas orgánicos para luego derivarlo a un especialista. Ante problemas de miedo y estrés hay algunos signos fáciles de identificar, como el aumento del marcaje con uñas, incremento en las vocalizaciones, hipervigilancia y aparición de marcaje con orina, entre otras. En estos casos lo ideal es contactar a un profesional para evaluar el origen del problema y ver cómo tratarlo.

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